miércoles, 14 de mayo de 2014

El Bundesbank da el visto bueno a las políticas de reactivación.

Las políticas económicas basadas en la austeridad, impuestas desde Europa por los partidos liberales, han traído consigo tasas de paro y pobreza, desconocidas en la joven democracia española. Nos tenemos que remontar a la crisis de los setenta para encontrar un escenario similar.  En 1.973 en respuesta a la ayuda de los países occidentales que apoyaron a Israel en la guerra del Yom Kippur, la OPEP tomó la decisión de no exportar petróleo a los países occidentales que apoyaron a Israel. Esto produjo una subida del precio del petróleo y un aumento de los costes de producción, en un sistema económico muy dependiente de los hidrocarburos. Consecuentemente la inflación se disparó en una España inmersa en el periodo de transición, llegando al 29% en  1.979. La alarmante situación se solvento con los Pactos de La Moncloa, una gran alianza entre los partidos políticos para realizar una política de rentas, que por su difícil implementación, asombró a las economías desarrolladas.
La planificación económica de la función de estabilización de la Hacienda Pública Española, no respondió en los noventa, al necesario aumento del ahorro público, en un escenario en el que el sector privado tiraba del Producto Interior Bruto Español. A la burbuja inmobiliaria se unió la burbuja creada por un sector público que emprendió una política de obras  sin sentido. Alemania recrimina a España y a los países de la Zona Euro, más castigados por la crisis, el no haber realizado en los noventa los deberes que su economía realizó. La necesaria planificación de la economía a largo plazo, pasa por el ahorro en los periodos de abundancia y el aumento del gasto público en los periodos de recesión, algo que no se ha hecho, ni se ha estado haciendo hasta ahora.

El rumor, más que noticia, que se ha producido esta semana, de que el Bundesbank, va a permitir al Banco Central Europeo empezar a realizar políticas de activación; se ha traducido en aumentos positivos en el IBEX y devaluaciones en el tipo de cambio del euro frente al dólar, con relajaciones en nuestra prima de riesgo. A priori, la devaluación va a permitir reactivar nuestras exportaciones, sobre todo a América del Sur, penalizadas por las devaluaciones de sus monedas con respecto al euro. Falta por determinar en qué van a consistir las medidas de activación. En Estados unidos se tradujeron en fijar un objetivo de crecimiento del PIB de un 2,5% y un objetivo de paro del 5%. Recordemos el precipicio fiscal del año pasado, en el que los republicanos dieron su brazo a torcer permitiendo la emisión de deuda pública. Es importante conocer el modo en el que las inyecciones de liquidez se van a realizar. Esta noticia nos permite empezar a albergar esperanzas de que la recesión ponga su punto de inflexión y que la cordura en las políticas europeas empiece a imponerse. Sea lo que sea, nuestros niveles de paro y de pobreza empezarán a disminuir a medio plazo y no a corto, en una situación ya insostenible y que exige tomar medidas drásticas.

Ricardo Ros
14/05/2014

viernes, 21 de marzo de 2014

UNA REFLEXIÓN ACTIVA SOBRE LA DEMOCRACIA EUROPEA

Ante la proximidad de las elecciones europeas es necesario analizar en profundidad  las reformas necesarias para convertir a la Unión, en un verdadero órgano político, económico y financiero, que se plasme en una verdadera confederación de los estados que la componen. Aunque muchas de estas propuestas ya estén incluidas en algunas de mis entradas anteriores, este documento elaborado por la Fundación Alternativas es de obligada lectura, para entender el estado actual de la Unión Europea, la desafección política del ciudadano, el sentimiento eurofóbico y el escepticismo ante las respuestas de la Unión a la crisis del S.XXI.

Fundación Alternativas

Una reflexión sobre Europa, profunda y crítica, es hoy más necesarias que nunca, por una serie de sólidas razones:

.- Porque la crisis económica ha puesto de manifiesto la trascendencia de las decisiones de las instituciones europeas (Consejo, Comisión, Banco Central, y, no tanto, el Parlamento Europeo) para la salvación financiera−literalmente− de países como Grecia, Irlanda, Portugal, España o Italia.

.- Porque, a la vez, esas decisiones –centradas en la austeridad− no han tenido  resultado positivo, en términos generales, sino, más bien, ha frenado la recuperación y la vuelta a la creación de empleo. (El Informe de la Fundación Alternativas sobre el Estado de la Unión 2012 llevaba el descriptivo título de “El fracaso de la austeridad”). El efecto ha sido el alejamiento y la desafección de la ciudadanía.

.- La reflexión sobre Europa toma un relieve especialmente necesario y activo días después de las elecciones alemanas, que eran una incógnita que convenía despejar. Porque el gobierno de Merkel –que ha ganado con toda claridad− ha venido liderando en la crisis del euro una posición dilatoria y errática. Merkel terminó por aceptar rescates y reestructuraciones de deuda, pero a cambio de fuertes ajustes en los gastos sociales y bloqueando la Unión Bancaria. Sus tres componentes (supervisor único, mecanismo de resolución y fondo europeo de garantías) han de reactivarse dado que ya no hay un obstáculo electoral. Lo mismo sucede con la posibilidad de aprobar un nuevo programa de asistencia a Grecia. Después de las elecciones, sin los liberales, el gobierno alemán futuro podría y debería completar un giro más europeísta y menos anclado en el mantra de la austeridad.

.-Y hay una razón más, de particular importancia para la reflexión sobre Europa, de carácter coyuntural, pero de alcance estructural. Se trata de las elecciones al Parlamento Europeo del mes de mayo próximo, que constituye un punto y aparte en la política europea. El principal problema que pueden presentar estas elecciones, a la luz del estado de opinión, es el de la abstención, estimulada por la desconfianza de los ciudadanos hacia la capacidad de la UE para resolver sus problemas. La participación ha ido disminuyendo elección tras elección desde el 61,99% de 1979 (en nueve estados miembros) hasta el 43% en 2009 (en 27 Estados miembros, de los que solo nueve superaron el 50%). Lamentablemente, las previsiones para las elecciones de 2014 no son mejores, en un ascenso posible de los partidos eurófobos y euroescépticos para aprovechar la mayor proporcionalidad y las circunscripciones electorales más amplias en muchos países, que les permiten obtener una representación difícilmente alcanzable en sus parlamentos nacionales, sobre todo allí donde rige para éstos un sistema mayoritario. Esto podría afectar a la legitimidad democrática del PE para asumir sus funciones, que serán esenciales en el nuevo ciclo que se abre con el comienzo de la superación de la crisis.

.- Pero la UE es una democracia supranacional en construcción en base a un gran entendimiento político y social. En toda democracia es imprescindible la alternativa. Quizás esta sea la primera ocasión desde que se vota directamente al Parlamento Europeo (1989) que algo así es posible. Hasta hora, la tónica en las campañas electorales a la Eurocámara ha sido la ausencia del debate europeo, fagocitado por la política nacional de bajo vuelo.

.-El Parlamento Europeo es una Cámara que no define las grandes orientaciones políticas de la Unión, es decir, las que se refieren a la acción exterior, el desarrollo constitucional y, ante todo y sobre todo, la economía. Hay una diferencia con los parlamentos nacionales; estos aprueban unos presupuestos que representan cifras de dos dígitos en comparación con el PIB del país respectivo, mientras que la Eurocámara se pronuncia sobre unas cuentas que no llegan ni al 1% del comunitario. No obstante, tratamos por todos los medios y todos los días de convencer a los ciudadanos de la gran importancia del Parlamento Europeo para su vida cotidiana, y hacemos bien, porque entre sus funciones tiene la de colegislar en ámbitos que la afectan y condicionan en una enorme variedad de terrenos: la libertad de circulación, la seguridad alimentaria, los transportes, los derechos del consumidor, la preservación del medio ambiente, y así hasta un larguísimo etcétera. Y no olvidemos que el Parlamento Europeo elegirá al próximo Presidente de la Comisión. Por todo ello, la campaña electoral de mayo de 2013 adquiere una relevancia excepcional. Nosotros, modestamente, pretendemos que este Documento pueda influir en esa campaña, en la que el debate político nacional estará presente, pero debe estarlo de una forma muy distinta a lo que ha sido hasta ahora. Esto nos lleva al elemento nuclear en una democracia: los ciudadanos.

Los ciudadanos en el centro del debate europeo.

La crisis ha producido un efecto político muy relevante al situar al ciudadano en el centro de un tablero del que estaba ausente en una construcción hecha de arriba abajo. Pero la presencia ciudadana ha venido propulsada por un intenso malestar (malaise) de naturaleza compleja. En lo que se refiere a la UE, el deterioro es una realidad. La confianza en la Unión ha caído al 31%, desde el 57% en el que estaba en 2007. Todas las instituciones europeas, salvo el Tribunal de Justicia, tienen un grado mayor de desconfianza que de confianza. La imagen de la Unión es positiva para el 30% de los ciudadanos y negativa para el 29%, un punto de diferencia frente a los 38 que había en 2007 (52% y 14% respectivamente). Hay un 49% de europeos optimistas sobre el futuro de la UE frente a un 46% de pesimistas, tres puntos de diferencia que contrastan con los 45 que había en 2007 (69% frente a 24%). En cuanto al funcionamiento democrático de las instituciones comunitarias, el 46% está insatisfecho frente a un 43% satisfecho. Un 67% de los europeos cree que su voz no cuenta en la UE frente a un 28% que cree que sí, porcentaje este último que se reduce a cifras bajísimas en los países más sacudidos por la crisis, como Chipre (9%), Grecia (11%), Portugal (17%), o España (18%).

La crisis ha hecho que este malestar se haya acentuado en proporción a la gravedad de la misma y a la incapacidad de resolverla:

− El malestar es más fuerte en los países del sur de Europa, aunque se ha extendido por todas partes, con caracteres diferentes.− Con la crisis ha aparecido con mayor claridad que los “estados-nación” han sido desbordados por grandes poderes económico-financieros que son los que dirigen la economía globalizada, es decir, que las decisiones políticas están muy condicionadas por el “humor” o las necesidades de los mercados y no por las de los ciudadanos.− La Unión Europea no puede hacer de “contrapeso” suficiente a estos poderes, que se miden con cada Estado en posición de ventaja. Obviamente, la capacidad de cada Estado ante “los mercados” no es la misma.− A nivel de cada país, la legitimidad democrática existe pero los ciudadanos han contemplado:

            Que los partidos, una vez que llegan al gobierno, no cumplen los programas electorales sino que, en muchos casos, hacen los que les dicen desde otros ámbitos que los ciudadanos no controlan.            Como consecuencia de la dureza de la crisis muchas democracias europeas están intervenidas o semiintervenidas, lo que deteriora la imagen de la propia democracia. En realidad, el malestar democrático tiene una causa coyuntural –fundamentalmente las consecuencias de la crisis− pero también tiene causas estructurales. De una parte, porque no se ha completado la unión política de Europa y, en consecuencia, no se le puede pedir a la UE lo que no puede dar; y, de otra, porque la “democracia realmente existente” es una construcción del estado-nación, en unos determinados territorios, con un mercado a un nivel concreto de la tecnología, etc., y esto se ha transformado totalmente, es decir, las finanzas, la economía en sus grandes magnitudes, en la globalización, se ha “escapado” de la política por cuanto el mercado y los poderes económicos son globales y los sujetos políticos no, solo son embriones de coordinación.

              Otro factor que explica la malaise democrática, además del alejamiento ciudadano de las instituciones europeas, y de la impotencia de la política frente a los poderes económico-financieros, es el décalage entre los respectivos engranajes de la democracia nacional y la democracia europea. Éstos, en efecto, no están bien sincronizados. El “cuerpo democrático europeo” lo integran también los parlamentos y gobiernos nacionales. También en este nivel hay una crisis generalizada de falta de control por parte de la ciudadanía de las políticas y los entes económico-financieros.

Según el Eurobarómetro 79, de primavera de 2013 (publicado en julio),el 80% de los europeos desconfía de los partidos políticos. Solo en un estado miembro (Malta) la confianza es mayoritaria, y en cinco (incluida España) la desconfianza supera el 90%. La desconfianza en los gobiernos nacionales alcanza el 71% en toda la Unión, y es mayoritaria en 26 de los 28 estados miembros, superando el 80% en siete de ellos (incluida España) la desconfianza supera el 80% de los encuestados. El 50% de los europeos está insatisfecho del funcionamiento de la democracia en su país, frente al 48% que está satisfecho. La insatisfacción es mayoritaria en 17 estados miembros y en ocho de ellos (incluida España) supera el 70%.

La combinación de la desconfianza en la capacidad de gestión de lospoderes públicos, con una valoración negativa de los políticos y los partidos tradicionales, y con el convencimiento de la extensión de la corrupción a todos los niveles, está produciendo una creciente desafección de la ciudadanía hacia las instituciones y –en general− hacia el sistema de representación democrática, que se refleja en tres aspectos: una tendencia hacia la abstención y el desentendimiento de la política por parte de un sector de la población, el deterioro del apoyo a los partidos mayoritarios responsables de los sucesivos gobiernos, y el nacimiento o el auge de partidos o movimientos antisistema, o que ponen en peligro los avances democráticos en muchos Estados miembros de la Unión. Es el momento de las propuestas para el desarrollo de una unión política.

Propuestas para la construcción de la democracia europea

Pasado el peor momento de riesgo de fractura del euro, hay que plantear una Europa política en estas elecciones 2014. Si las elecciones se afrontan estrictamente desde los respectivos intereses nacionales o como una lucha entre bloques Norte-Sur, esta vez el daño será mucho mayor. Debe plantearse como el momento crucial para las reformas: en los partidos, en la relación de los ciudadanos con las instituciones y entre éstas, en la participación ciudadana, y en las políticas comunes clave.

Reforzamiento de la legitimidad de origen. Los ciudadanos europeos deben percibir que las instituciones europeas, que toman decisiones que afectan de forma importante a sus vidas y a sus bienes, han sido elegidas democráticamente, ejecutan el mandato que los ciudadanos les han dado, y responden ante ellos.Solo así se sentirán representados por esas instituciones y volverán a confiar en ellas. Para conseguirlo, será necesario abordar reformas (algunas exigirían modificar los Tratados, pero otras no), entre las cuales podrían estar las siguientes:

1.- Reforzamiento de los poderes del Parlamento Europeo, otorgándole iniciativa legislativa plena, así como la capacidad de censurar a los Comisarios individuales y de promover una moción de censura constructiva sobre el presidente de la Comisión. Se debería además instituir un formato del PE con los representantes de los Estados de la eurozona, para tratar los asuntos relativos a la moneda única.

2.- La elección indirecta del Presidente de la Comisión a través de las elecciones al PE, en las que los partidos políticos deberían presentar expresa y obligatoriamente su candidato para este puesto, de forma que los electores supieran a qué presidente de la Comisión están eligiendo al depositar su voto, igual que sucede en las elecciones nacionales. Además, se debería proceder a la reducción del número de Comisarios y su desvinculación de los Estados miembros, de modo que su designación recaiga solamente en el Presidente, con la aprobación del PE. La Comisión se convertiría así en un auténtico Gobierno europeo bajo el control del parlamento, ante el que respondería en exclusiva.

3.- Asunción progresiva por parte del Consejo Europeo del rol de Jefatura  de Estado colectiva, limitando sus decisiones a aquéllas que afectan a la soberanía de los Estados miembros, como los Tratados, las ampliaciones, o la política exterior y de seguridad. El Consejo, por su parte, asumiría el papel de Cámara alta conjugando sus funciones legislativas y de control con las del PE.Reforzamiento de la legitimidad de ejercicio. La legitimidad de las instituciones democráticas no se basa solo en el origen de su poder sino también en el ejercicio que hacen de él para cumplir con su finalidad, que no es otra que mejorar la vida y la convivencia de los ciudadanos. Para que éstos vuelvan a creer en el valor y la importancia de la política en general, y de la política europea en particular, la UE debe asumir compromisos y presentar propuestas atractivas y útiles, que justifiquen su existencia y devuelvan la ilusión a los europeos. Entre esas líneas de acción podrían estar las siguientes:

1.- El control democrático de los actores financieros transnacionales, que tienen en ocasiones más poder que los Estados, pero que pueden ser sometidos a reglas por la UE, que es la primera potencia económica mundial y que puede arrastrar a su vez a EEUU y otros en la misma dirección. La regulación de los fondos de alto riesgo, los mercados de derivados, y otros instrumentos financieros, así como la introducción de tasas a los movimientos masivos de capitales, pueden frenar la especulación financiera y hacer volver al dinero a su función original de impulsar la economía productiva. También los eurobonos o algo similar, a pesar de la oposición de la derecha alemana.

2.- La garantía de las conquistas del Estado del bienestar, y de los derechos sociales adquiridos durante el último siglo, distintivos del sistema político europeo, y que son irrenunciables en una sociedad democrática y con un alto grado de desarrollo social, así como la lucha contra la pobreza, y el establecimiento de unos estándares mínimos de vida para todos los cuidadnos de la Unión. El FMI acaba de proponer un seguro de desempleo común a toda la UE.            3.- El reforzamiento de la cohesión entre los Estados miembros para lograr la mayor convergencia posible en el menor período de tiempo, el impulso a la solidaridad y el reforzamiento de los lazos culturales, sociales y políticos entre los ciudadanos europeos, así como la puesta en marcha de ulteriores pasos para lograr progresivamente una unión política de carácter federal o confederal.4.- En la campaña electoral al PE 2014 los partidos mayoritarios deben insistir en una absoluta transparencia en la financiación de los partidos europeos y en la regulación de los grupos de interés, según ha establecido la propia Comisión.Es preciso que los principales partidos europeos en liza (PPE, PSE, Liberales…) se renueven de manera homóloga en todo el continente, mediante un código de regeneración común: simpatizantes, listas abiertas, rotación de cargos, transparencia.

5.- Hay que avanzar decididamente hacia partidos políticos paneuropeos y listas comunes.

Los límites políticos de la Unión Europea y su superación: una

Constitución para Europa

La UE tiene una base democrática, en una triple dirección:

 − El Parlamento Europeo es elegido por sufragio universal con capacidad colegislativa en determinadas materias, que no son las de mayor contenido económico y político. − El Consejo de Jefes de Estado y de Gobierno (Consejo Europeo) está formado por responsables políticos elegidos en elecciones libres y que, en principio, responden ante sus respectivos parlamentos.           Los Estados que componen la Unión responden a principios democráticos. Sin embargo, el déficit democrático, una de las causas del malestar actual, tiene a su vez tres fuentes o causas:

− El Parlamento carece de iniciativa legislativa propia; no tiene competencias en materias económicas, sociales y políticas decisivas en toda democracia.− El Parlamento no controla a un gobierno de la Unión, en los términos en que lo hacen los parlamentos nacionales con sus gobiernos.− El Consejo Europeo es el que realmente dirige la política general de la Unión y, dentro de él, los grandes países, cuyos líderes no responden ni son controlados por el PE sino que solo responden ante sus respectivos parlamentos. Es decir, a la canciller alemana o al presidente francés lo que les importa son los votantes de sus países y lo que digan el Bunsdestag y la Asamblea Nacional francesa.En conclusión, aunque la Unión Europea parte de una base democrática, no es todavía un sujeto político democrático, por cuanto no existe una unión política, al no tener competencias en los temas en los temas fundamentales de la política, la economía, etc.

Por tanto, para evitar el estancamiento de Europa, es preciso:
Cambiar los mecanismos para esta nueva Europa (nuevos procedimientos e instituciones).  Al tiempo que se apunta a un horizonte de Unión Política. La reinvención democrática de Europa abre la vía hacia una verdadera Unión Política de Europa. Hay que ir a un proceso constituyente hacia una unión política federal que supere los anteriores déficits mediante una Constitución que deje claro, las competencias de la Unión y las de los Estados.           Un Parlamento Europeo plenamente colegislador en las materias competencia de la Unión y con iniciativa legislativa propia, como antes se señaló.Este Parlamento es el que debe elegir y controlar al ejecutivo de la Unión –La Comisión Europea−.

Un Consejo Europeo, como Jefe de Estado colectivo, que aprueba las grandes directrices políticas de la Unión. 

Un Consejo de Ministros, como segunda cámara –de los Estados−,colegislador con el Parlamento Europeo.

A esos efectos, debe promoverse la convocaría de una segunda Convención que nos permita contar de una vez por todas con una Constitución Europea para una UE políticamente federal que otorgue al Parlamento la capacidad de aprobar grandes orientaciones políticas.
  

jueves, 13 de diciembre de 2012

EL CÁNCER DEL NEOLIBERALISMO.

La crisis de los 70, debilitó intensamente a los trabajadores y sus representantes, facilitando el desarrollo de teorías que suponían un cambio radical a favor de los intereses del capital. Apoyándose en las ventajas de la globalización y la potenciación de las nuevas tecnologías, en un entorno marcado por el debilitamiento e integración de de las fuerzas populares, con la ayuda de las instituciones internacionales y los gobiernos, hizo posible que los grandes capitales mundiales lograran ir imponiendo una estrategia muy favorable para ellos, permitiéndoles una rápida recuperación de la tasa de beneficio. Es la conocida como estrategia o política económica NEOLIBERAL.

Características del Neoliberalismo y la organización de la economía.

Internacionalización del proceso productivo. Las grandes empresas reorganizan su sistema de producción y fabrican por todo el mundo, deslocalizando sus fábricas y trasladándolas  a países con salarios más bajos y descomponiendo la producción en varios elementos que se producen en varios puntos del globo, buscando siempre los salarios más baratos. El paulatino desarrollo de las nuevas tecnologías y las telecomunicaciones facilitan este proceso, de tal forma que muchas empresas ya no producen un producto completo, se limitan a producir componente que luego se ensamblan en otras empresas.

Durante el periodo Fordista ( principios del S. XX, denominado de este modo en recuerdo del inventor de la cadena de montaje para la producción de automóviles ), la gran acumulación de capitales y su concentración en pocas manos, había llevado al establecimiento de grandes empresas que operaban en múltiples países, empresas multinancionales o transnacionales, con la sede central en uno de los países centrales, Estados Unidos en su mayoría, pero también en Europa y Japón. Desde los años setenta estas empresas fueron transformando profundamente sus estrategias, principalmente estableciendo varias modalidades de internacionalización de sus procesos productivos, reorganizando sus sistemas de producción, desarrollando tecnologías de la información y de las telecomunicaciones, que les permitieron minimizar costes de administración, costes de acumulación de stocks y costes salariales en favor de la acumulación del capital.

La modificación  de la dinámica del capital en todos los planos y sentidos es la lucha de clases. Las inversiones, los tipos de tecnología, las formas de gestión laboral, la política monetaria y fiscal se seleccionan y deciden en función de la resistencia esperada por parte de los trabajadores. Cuando se afirma que el crecimiento económico depende del clima político, de la seguridad jurídica, de disciplina social o de estabilidad institucional, se recurre a eufemismos para destacar la necesidad de centralizar políticas en perjuicio de los explotados.

Desregulación. Las normas que pretenden controlar la actuación del capital le estorban a éste. Por lo que pretenden eliminar todas las normas que exijan una actuación específica, como controles de movimiento de capitales, regulaciones laborales, condiciones y jornadas de trabajo, salario mínimo, controles de salud e higiene, sanitarios de los alimentos, controles en fronteras, controles ambientales. Es decir hacer lo que el capital quiera, eliminando cualquier tipo de normativa que hayan establecido los estados.

Los Estados Unidos a la cabeza de los países más desarrollados se había robustecido en los 90 abanderando un liberalismo económico de una sola vía: es decir avasallando países y continentes, desregularizando a las economías anfitrionas, privatizando empresas estatales y paraestatales, desmantelando sistemas de protección laboral, arruinando a competidores locales. Y adelantando operaciones especulativas a nivel mundial.

Es interesante destacar la intervención de Fernández Ordoñez, anterior Gobernador del Banco de España, el 10 de marzo de 2007, a las puertas de la mayor crisis que ha conocido el capitalismo en la conferencia Construyendo Basilea II. Este documento que recomiendo como lectura, constituye una joya sobre LOS DISPARATES Y LA INCOHERENCIA DE UN SISTEMA QUE YA NO TIENE RAZÓN DE SER.

Externalización de la producción. Es decir la subcontratación, que permite la división de la clase trabajadora en diferentes empresas, y por tanto la disminución de su poder de negociación.

Como la actividad económica habitual ya no proporciona masa de beneficio suficiente, el CAPITAL necesita necesita penetrar cada vez más en áreas que siempre se ha entendido que son de gestión pública. De este modo se PRIVATIZAN los servicios públicos: transportes, sanidad, educación, comunicaciones, bancos estatales. Lo que no genera beneficio no tiene sentido en el mundo capitalista. La explotación se expande con el propósito de ampliar el capital productivo, que es el generador directo de plusvalías. Este es el objetivo de la privatización de toda tipo de actividades económicas y de la universalización del capital a todos los rincones del planeta. Los más distintos aspectos materiales y mentales  del trabajo van quedando sometidos a la exigencia de ser generadores inmediatos de beneficios.

Enumeradas algunas de las características más importantes del modelo neoliberal y de sus sin sentidos, desde un punto de vista de Justicia Social, me parece necesario resaltar su traducción a la triste realidad que está originando, y que en España ya ha llegado a ser insostenible, con índices de pobreza y de exclusión social que afectan ya casi al 30% de la población del país.

viernes, 7 de septiembre de 2012

REFLEXIONES SOBRE LA CRISIS 2.007-2.009 VALORACIÓN DE LAS MEDIDAS ADOPTADAS POR EL GOBIERNO SOCIALISTA ESPAÑOL. EL CAMINO A SEGUIR: UN NUEVO ORDEN ECONÓMICO INTERNACIONAL. EL GREEN NEW DEAL, UN NUEVO PLAN MARSHAL


Buscando un archivo entre mis DVDs, he encontrado este artículo que escribí a principios del 2.009, y no estaba publicado en este blog. Me ha parecido importante cómo reflexión sobre los inicios de la crisis.

Nos ha vuelto a pasar, tal y cómo sucedió en el 29: falta de regulación, avaricia, titulación de hipotecas para crear productos derivados con subyacentes de nula calidad. Y todo ello impulsado por la codicia de un sistema financiero dispuesto, sin ningún tipo de escrúpulo, a crear un sistema de enriqueciendo especulativo basado en un espejismo.

Un sistema económico globalizado en una economía de mercado que ahora se empeñan en colapsar con un típico cierre del Grifo. Y claro sin grasa – liquidez --, no funciona el carro: Expedientes de Regulación de Empleo, caída del consumo, aumento del paro, bolsas bajo mínimos incrementos de morosidad, disminuciones de la demanda agregada…y la entrada en una espiral de infarto, que nos ha conducido directamente a crecimientos negativos del PIB, inmersos ya en un proceso de deflación, que, y desgraciadamente, pueden conducirnos a una depresión.

Todo un fallo espectacular de los cerebros de la economía, plenos de monetarismo de corte liberal.

Y aunque, en nuestro maltrecho suelo patrio, el sistema financiero, garante de la no falta de liquidez en su figura de intermediario financiero, haya hecho de las suyas cómo ya explicaba Marx, hace ya más de doscientos años en su “Teoría de las Crisis”: “

“ Los pueblos que no conocen su historia están obligados a repetirla”: Toda una amenaza que también se cierne sobre el sistema económico mundial, , cómo sucedió en el crac de octubre de 1.929, cuando se abrió un periodo de fuerte proteccionismo, se tradujo en el hecho de que entre 1.929 y 1.932 el comercio internacional se contrajo en un 65 por ciento, frenando la recuperación a las recetas de KEYNES – su Teoría Económica es lo que se ha dado en llamar social-democracia en términos políticos - . Y es que ya se aprecian oleadas de patriotismo económico. El Mercosur ya acordó a finales de 2.008 aumentar las tasas aduaneras en productos como vino, lácteos, textiles y manufacturados de cuero y madera.

EEUU ya  esgrimía la bandera del buy amenrican, los británicos forzaron un acuerdo contra el principio de libre circulación de trabajadores, bajo el eslogan de “Empleos británicos para los trabajadores británicos, los franceses tampoco se han quedado atrás y aunque en España en el momento del nerviosismo inicial, el ministro Miguel Sebastian esgrimiese el buy spanish, ya nuestro entrañable López Aguilar lo expone bien claro en el programa socialista para las elecciones europeas: no al proteccionismo y si a un nuevo orden económico internacional con el objetivo de luchar contra el cambio climático, el hambre sistémica de más de la mitad de la población mundial y su si rotundo a un  a la globalización intercultural.

Seguimos esgrimiendo los grandes operativos económicos que aparentemente, más acierto han tenido en el pasado. Pero a fin de cuentas el New Deal keinesiano se finiquito con la segunda guerra mundial, el FMI dejo de administrar el Sistema Monetario Internacional en 1.971, para convertirse en una apaga fuegos de crisis cambiarias, es decir de turbulencias en los tipos de cambio y el Plan Marshall, a pesar de las innumerables invocaciones que se hacen, nunca resultó aplicable a la pobreza que acosa a casi la mitad de la población mundial.

Y es que aunque sea preocupante no saber cuando vamos a salir de la crisis, resulta más consistente insistir en lo que pueda surgir en la cadena creativa, de nuevas instituciones; y también de los nuevos foros internacionales de dialogo.

¿Cuánto durará la crisis y que modelo se precisa?

            “Cuando un ser humano opera a plena capacidad durante un tiempo continuado, necesitará un periodo de inactividad para descansar: recuperarse, tomarse un respiro, y preparar su próximo gran paso, o más coloquialmente tiene que descasar y recargar pilas”

                                                           (Tyler Cowen tiene el blog económico más visitado de twitter)

Y es que por mucho que diga el PP, fue Joaquín Almunia, Comisario Europeo de Asuntos Económicos y Financieros, quién dijo en junio de 2.006, refiriéndose a España: “El incremento de la deuda de las familias es un serio elemento de riesgo, especialmente a partir de 2.008. El precio de la vivienda está sobrevalorado”. El endeudamiento de los hogares nos conducirá a una situación cada vez menos sostenible. Pero eso sí las Elecciones existen y son para ganarlas y poder gobernar, y a nadie les gusta perderlas.

LAS MEDIDAS ANTICRISIS DEL GOBIERNO SOCIALISTA.

Y por mucho que agudice mi oído no oigo propuestas coherentes de una oposición, que vuelve siempre a lo mismo en un contexto en el que parece que quieran seguir dando vueltas a recetas neoliberales  y autárquicas que ya nos condujeron a los nacional socialismos que originan la segunda guerra mundial, y es que parece que no se enteran de que los tiros ya no van por ahí…ya nadie habla del G7 o del G8, pero si de los BRIC – Brasil, Rusia, China e India-, que son los países que en estos momentos acumulan la mayor parte de las reservas mundiales de liquidez, de la necesidad de acabar con el hambre en el mundo, de seguir con el proceso de globalización y disminución de aranceles, de llegar a la globalización y apostar por un nuevo Green New Deal, en fin de la creación de un nuevo Plan Marshall, pero esta vez para los países llamados subdesarrollados e incluso de avanzar hacia una moneda universal, llámese Cosmos como apunta Tamames o Bellón de oro, Conchas de Mar o Perlas del Mare Nostrum. Y es que éste es el momento de crear un “Nuevo Orden Económico Internacional”. López Aguilar ya clama por él y Zapatero vuelve al ataque con su “Alianza de Civilizaciones” y es que ante esta profunda crisis la única solución es volver al Keynesianismo, a la social democracia y de olvidarnos de las autarquías. Este es el momento de crear mercados en los países subdesarrollados capaces de competir en industrias intensivas en mano de obra, es el momento de luchar en contra  sueldos de 10 euros mensuales, de dos euros, de la explotación infantil, de que Turquía entre en la Unión Europea como quiere Barack Hussein Obama y Zapatero, como grita López Aguilar, de que e largo plazo entre Marrueco, y ¿Por qué no? De una Gran Alianza de Civilizaciones.

Los cambios de ciclo en la actividad económica son, de una forma indiscutible sistemáticos en un sistema de libre mercado, y se presentan en forma de desaceleración de crecimientos. Hasta que la terrible realidad se nos presenta de forma irracional: ¿cómo ha podido suceder esto?...y es que nadie sabe de antemano el calado del colapso, hasta que van surgiendo los problemas y se observa con estupor la evolución de las variables económicas. Tenemos que tener en cuenta que estamos ante una crisis global que va a implicar un cambio en el Orden Económico Internacional,  cuya trascendencia, no sabemos en dónde va a acabar.

Pero lo que si que es cierto es que el Gobierno Socialista no ha parado de trabajar y que ha puesto en marcha toda una batería de medidas que darán resultados a corto plazo, medio y largo plazo, y que seguirá tomando mediadas mientras no consigamos curar la enfermedad social y global a la que nos estamos enfrentando.

            “Las medidas contra las crisis son como los parches de sor Virginia: alivian, pero no curan”

En España se aúnan dos factores a tener en cuenta, en primer lugar el no reconocimiento, incluso por el Fondo Monetario Internacional del desastre que se avecinaba, que titubeaba, todavía sobre las dimensiones del cambio de ciclo en Estados Unidos, y por otra parte la originada por la influencia del periodo electoral. Estos factores se unifican y tuvimos que esperar al RDL 2/2008 de 18 de abril. En ese momento el grueso de las medidas que se emprenden se agrupan bajo lo que se denominó PLAN E.

1. Sostener la demanda: 400€ de regalo y 2.500€ por niño vivo.

La medida estuvo basada en un ajuste de deducciones en el IRPF, en función de los tipos de retención fiscal; con el resultado de que la devolución sólo se practicaría a quién ganase más de 12.000 €/año, y de manera muy marcada a las situadas entre los 20.000 € y 50.000 €. El resultado fue que se favoreció a los tramos intermedios del IRPF, es decir a la clase media y no a las familias de menos ingreso, y es que en macroeconomía las medidas que dan resultado son las que se aplican a estos tramos de renta.

A la postre la medida supuso un gasto presupuestario de 6.000 millones de euros, que sirvieron para elevar el consumo.

El premió de 2.500 € por el nacimiento de cada hijo, idea formulada el 4 de julio de 2.007 por el Presidente Zapatero. Esta medida apenas tuvo incidencia real, ya que de los 491.183 nacidos en 2.007, dos de cada diez fueron de madre extranjera potencialmente beneficiarias del llamado cheque-bebe. Sin embargo, al exigirse una residencia legal de dos años, varios millares de madres quedaron al margen de una medida que representa unos 1.000 millones de euros.

2. Salario mínimo y formación profesional.

Es interesante destacar el comentario de Francisco Cabrillo (Universidad Complutense): “Podemos subir el salario mínimo a 800€, como hemos prometido”, afirmó el Presidente del Gobierno. Y tiene razón. El Gobierno puede elevarlo hasta 8.000, 1.000 ó 1.200. Se trata de una medida de intervención en un mercado para el que no existen límites legales, y el papel del BOE lo aguanta casi todo…pero el salario mínimo no sólo afecta a quienes lo perciben. Sobre quienes tiene mayor influencia es sobre las personas que no cobran salario alguno, y cuya única posibilidad de encontrar un empleo radica en que la remuneración que perciban no sea mayor que el producto que aportan a las empresas; ya que en caso contrario, nadie querrá contratarlos. Y cuanto mayor sea el Salario Mínimo, lamentablemente, mayor será el número de personas en tal situación.

Está medida se encuadra dentro del periodo electoral y corresponde a unas previsiones macroeconómicas realizadas bajo la base de unas estimaciones, que seguían confiando en una desaceleración del crecimiento. A medida que los indicadores económicos se han  ido deteriorando han puesto de manifiesto que no es importante, en estos momentos hablar de salario mínimo interprofesional, y si más bien de una reforma del Servicio Estatal de Empleo (antiguo INEM) con aumentos del periodo de percepción del desempleo y la conversión de éste en una verdadera agencia de colocación, capaz de cubrir demandas puntuales de trabajo, que ayuden a los parados y sirvan para aligerar el coste presupuestario.

3. ¿Qué hacer con la vivienda?

A través del RDL 2/2.008 se constituye una línea de avales del Instituto de Crédito Oficial (ICO), a fin de promover préstamos a la banca para vivienda protegida, a base de titulizar créditos hipotecarios como garantía. El ICO cifró esta medida en 5.000 millones de euros. Pero es que incluso con la intervención del ICO, la banca siguió erre que erre sin dar créditos, lo que ha producido un freno a la medida. A la vez que el aumento de las perspectivas negativas sobre la evolución del deterioro de nuestra economía hace crecer el miedo a la pérdida del puesto de trabajo y a la decisión de compra de inmuebles.

Una nueva idea: los promotores de viviendas libres no protegidas, que tenga licencia anterior al 1 de septiembre de 2.008, podrán solicitar la conversión sus unidades habitacionales en protegidas, “siempre que se atengan al modulaje del Plan Nacional de viviendas del 2.005”.

Previniendo la quiebra de inmobiliarias  se modificó la ley de sociedades anónimas, y se eliminó el supuesto de disolución de empresas, el que preveía la disolución de la sociedad si el patrimonio de la misma quedaba por debajo del 50% del capital social como consecuencia de la depreciación de sus activos. Tras el cambio de la ley, las empresas en esta situación aún tendrán dos años de moratoria en lugar de dos meses para regularizar si situación.

Aunque me sea imposible disponer de datos para valorar esta medida, no cabe duda de que supone una válvula de oxígeno para muchas empresas.

4. Diálogo Social y Mercado de trabajo.

En el encuentro del Presidente del gobierno con los presidentes de la CEOE, CEPYME y los secretarios generales de UGT y CCOO, el 29 de julio de 2.008 se firma LA DECLARACIÓN PARA EL IMPULSO DE LA ECONOMÍA, EL EMPLEO, LA COMPETITIVIDAD Y EL PROGRESO SOCIAL.

Lo más importante del documento es que patentizó la resistencia de las organizaciones sindicales a la flexibilidad de las relaciones laborales; una constante histórica sólo modificada en alguna ocasión a cambio de fuertes contrapartidas y en situaciones de fuertes presiones sociales. Aunque sindicatos y patronal si que están de acuerdo en la necesidad de una reducción de los costes laborales vía reducción de las cotizaciones a la seguridad social, que aunque suponga un aumento del déficit presupuestario son una vía para aumentar la productividad del mercado laboral en España.

5. El Plan Vive.

27 de junio de 2.008. El Consejo de ministros dio luz verde al Plan Vive (Vehículo innovador-vehículo ecológico) Se estimó que unos 4.500.000 vehículos serían susceptibles de acogerse al nuevo Plan; con ayudas que venían solicitándose por ANFAC. Como manifestó el diario El Economista, se asistió a la defunción del PLAN, porque está más muerto que vivo “y así lo reconoció el propio Sebastian, porque ya que no se llegó ni a las quinientas solicitudes en los primeros tres meses de su vida”.

Se cambió totalmente y por entero de sistemática, la ayuda al sector automovilístico se enfocó con el enfoque pro-fabricante mediante una Orden Ministerial reguladora (BOE 20.01.09) por el que se promulgó el denominado PLAN DE COMPETITIVIDAD de la Automoción, señalando que del total de 800 millones de euros otorgados a la industria por El Estado, 110 serían para ayudar  a proyectos de formación y 690 se plasmarían en créditos a tipos de interés cero y sin avales; a efectos de inversión en nuevos productos, así como en procesos que mejoren la protección medio ambiental y el uso eficiente de la energía.

EL DEBATE DE LA NACIÓN. Zapatero anuncia una nueva medida con el objeto de ayudar y reforzar el ya cuantioso coste del mantenimiento de la industria automovilística, obligando a las Comunidades Autónomas a romper sus huchas: dar un estímulo de 2.000 euros de ayuda directa para comprar vehículos nuevos. Para ello, exige 500 millones a las CCAA. Como se pretende aplicar a 200.000 coches, el coste total para las regiones sería de 100 millones anuales. Madrid, Cataluña y Galicia ya han planteado su rechazo al pago de la parte autonómica.

6. Activación del ahorro y medidas energéticas.

El Plan de Activación del Ahorro y la Eficiencia Energética 2.008-2.011 presentado por el Ministro Sebastián y que podemos considerar cómo medida electoralista, en vez de anticrisis, puede enmarcarse  dentro de la batería de remedios en los que el Gobierno Socialista no para de trabajar. Entre las medidas cabe destacar la creación de un mercado para proporcionar oportunidades de negocio a nuevas empresas de servicios energéticos, dedicadas a promover proyectos de ahorro y eficiencia energética a largo plazo…aunque lo único que quedara en la opinión pública fuese el que se enviarían gratis 18.000 bombillas de bajo consumo a todas y a cada una de las familias españolas, para convencerlas de sus ventajas. Pero es que hay que empezar y empezar por algún sitio. Y el Gobierno Socialista no para de estructurar medidas coherentes y enfocadas a largo plazo.

-- A partir del 27 de noviembre del 2.008 la crisis internacional arrecia y las medidas del Gobierno Socialista también.

7. EL PLAN DE ESTIMULO DE LA ECONOMÍA Y DEL EMPLEO.

Arrecia la crisis financiera en EE.UU., Reino Unido, etc…etc. Y es así en octubre  resultó necesario, siguiendo las pautas marcadas por Norteamérica y dentro del cauce europeo, introducir un plan de rescate global, que a la altura del 12 de enero de 2.009 pasó a llamarse PLAN E, o Plan de Estimuló de la Economía y del Empleo.

En septiembre del 2.008, cuando el Plan Paulson ya estaba configurándose con una importante batería de medidas para salvar el sistema financiero y aseguradoras en EE.UU. El Ministro Sebastián, propuso ya al Gobierno la creación de un fondo para suministrar liquidez al sector financiero. Y para instrumentarlo, se refirió al Instituto de Crédito Oficial (ICO) y a las mayores entidades bancarias del país: Santander, BBVA, La Caixa y Caja Madrid. Se inicia de esa forma el diálogo Entidades de Crédito Gobierno y el bochornoso espectáculo de un Sector Bancario español incapaz de reconocer su papel desencadenante de la crisis en España…Zapatero ante la situación que se veía venir inicia un dialogo de confianza en la economía española, que algunos critican, pero que ante situaciones de este tipo, yo personalmente pienso, que puede ser la adecuada: señores tengamos fe, esto no está tan mal como parece.

8. Fondo de Adquisición de Activos Financieros.

Siguiendo a Paulson el RDL 6/2.008 autoriza con carácter excepcional a adquirir títulos emitidos por entidades de crédito residentes en España, en otras palabras, el Estado español decidió comprar activos bancarios más o menos tóxicos, esos de que tanto presumían de no tener: para esta medida se crea el Fondo de Adquisición de Activos Financieros dentro del Ministerio de Economía y Hacienda.

El Gobierno Socialista pactó entonces con el Partido Popular, que al menos el 25% de los recursos, se utilizarían para la financiación de la economía real. Pero a poco de comenzar las subastas, se vio que los bancos hicieron con el dinero lo que les dio la gana, destinándolo sobre todo a reponer sus maltrechos balances, sin aumentar el flujo del crédito y en su lamentable proceder frenaron la necesaria circulación del dinero para que familias y empresas pudieran aliviar la falta de liquidez.

Para financiar las ayudas al sector financiero se emitieron 82.524 millones de Europa (el 7,5% del PIB), lo que nos colocó en el límite aceptable por el Banco Central Europeo, y en cuotas similares a las de 1.998 al entrar España en la Unión Monetaria y en el euro. El problema ahora es que no tenemos empresas que privatizar.

9. Recapitalización de Bancos.

Con el segundo RD-Ley 7/2.008 de 13 de octubre y dentro del luego denominado PLAN E, se autorizó el otorgamiento de avales del Estado a las emisiones de deuda de entidades de crédito residentes en España; con un plazo máximo de cinco años.

En la misma línea de dar más facilidades al sistema crediticio, el Banco de España anunció, el 26 de noviembre de 2.008, que en lo sucesivo podría utilizarse una parte de las provisiones genéricas que hasta ese momento estaban retenidas en los balances de as entidades: 35.000 millones de euros, una cifra relativamente importante.
Aunque inyectar dinero a los bancos no haya constituido una medida popular, lo cierto es que en el sistema económico que tenemos, es la única vía para volver a restablecer el flujo natural de dinero.

10. Ajustes hipotecarios públicos.

Las primeras noticias para los hipotecados comenzaron con las rebajas del euribor, la segunda fue que el gobierno decidió prorrogar de cuatro a seis años la duración de las cuentas de ahorro vivienda, sin tener que devolver a hacienda las deducciones practicadas en el IRPF por sus aportaciones a la cuenta.

8 de noviembre de 2.008, el gobierno asumió que sufragaría los costes de la aplicación de la moratoria hipotecaria a parados, autónomos en crisis y pensionistas viudos. Además reconoció que asumiría el riesgo de que el beneficiario de un crédito no devolviera la cuantía aplazada a partir de enero del 2.011; fecha en la que el gobierno prevé la definitiva salida de la crisis económica española. La cantidad para las referidas hipotecas podría ascender a 6.000 millones de euros, si se acogen a la moratoria todos los posibles afectados, un total estimado de 500.000 personas.

Creación de una Comisión Interministerial con la función de poner a disposición de las constructoras suelo público para VPO, sobre todo del Ministerio de Defensa.

El nuevo Plan de vivienda 2.009/2.012, se prevé un presupuesto de 10.188 millones de euros, y la movilización de casi 34.000 millones en préstamos para facilitar el acceso a la vivienda a los ciudadanos con dificultades. A tal fin se plantea la posibilidad de aprovechar el actual stock de viviendas nuevas libres sin vender (alrededor de 1.000.000) para aumentar el parque de viviendas protegidas.

El Plan prevé que un 40% de las viviendas se destinen a alquiler con opción de compra para viviendas en arrendamientos a diez años. Entre las medidas adoptadas destacan las siguientes:

            Apoyo directo al pago de entrada, que podrá llegar hasta 12.000 € para familias numerosas y monoparentales y para personas con discapacidad o dependencia.

            Ayuda a la entrada de 7.700 € para hogares con ingresos anuales inferiores a 31.499 €.

Creación de alojamientos protegidos destinados a colectivos vulnerables, o la posibilidad de acogerse a subvenciones de 410 € por metro cuadrado útil, en el caso de viviendas protegidas en alquiler.

            El ministerio del ramo facilitará 2.000 millones de euros para que las entidades puedan conceder préstamos, a efectos de mantener los niveles de actividad del  subsector de vivienda protegida o en rehabilitación.

            Proyecto de Ley de fomento del alquiler de vivienda, que incluye la agilización del proceso de desahucio.

En definitiva existe un cambio cultural, y muchos fondos de difícil disponibilidad.
11. El sector privado y la desmovilización del stock de viviendas sin vender.

Los bancos han adoptado las siguientes medidas:

1. Quedarse a precio pactado con promociones o suelo pertenecientes a promotoras para evitar el concurso de acreedores, con la idea de venderlas a largo plazo a Fondos de Inversión o Promotoras.

2. Refinanciación de créditos o entrada en el capital de inmobiliarias, caso de la          Caixa con Colonial o BBVA con Metrovacesa.

3. Creación de las sociedades cotizadas de inversión en el mercado inmobiliario. Estas sociedades (REIT) deben tener un capital mínimo de 15 millones de euros y su negocio debe dedicarse al arrendamiento de Inmuebles en un 85%, los dividendos deben de ascender al 90% de los beneficios y por tanto tienen un fuerte pay out que queda exento de gravamen.

12. concentración bancaria.

A concentrarse fue la primera de las soluciones que esgrimió un sector financiero desbordado por las altas tasas de morosidad en crecimiento y balances de dudosa credibilidad, tras el proceso de crédito fácil desarrollado.

Cabe destacar la intervención del Banco de España de la Caja Castilla la Mancha, tras la fallida unificación con UNICAJA.

Y es que a la concentración bancaria siempre cabe el son 2 más 2 4 ó sólo tres.

13. Más inversión Pública: El Fondo Municipal.

13 de octubre diciembre de 2.008 Zapatero anunció la mayor cifra de Gato Público, en la democracia para una emergencia: 33.000 millones de euros, 19.000 millones que se invertirán en 2.009 en infraestructuras de transporte; destacando la ampliación y modernización de la red de cercanías de Madrid y Barcelona. Y 8.000 millones destinados a que los ayuntamientos pongan en marcha toda clase de medidas en obras públicas. Complementando con otros 5.000 millones que se destinarán a medidas medioambientales.

Esta medida fue acogida como agua de mayo por los ayuntamientos de todo tipo.

                                                                                                                                  Ricardo Ros 2.009


lunes, 30 de julio de 2012

LA ENCRUCIJADA DEL EURO

En el momento económico en el que vivimos en Europa, la pregunta que a todos nos asalta es sin duda: ¿Qué debe hacerse para que la unión monetaria sea un factor de prosperidad compartida más que de sufrimientos y tensiones?, y esta cuestión es la que los padres del euro no llegaron a plantearse, las dos corrientes con las que nace el Euro es la de los economicistas ...necesidad de armonizar las políticas económicas, antes de converger en una moneda común y la de los monetaristas ( que en nada tienen que ver con los Chicago´s boys de Friedman ), que apostaba por una unión monetaria que llevaría a la armonización de las políticas económicas. El triunfo de estos últimos forjaba una realidad, la de que serían las crisis las que llevasen al triunfo del Euro cómo moneda única.

Más vale dejar de lado las controversias entre escépticos y entusiastas de la aventura europea. A mi me lleva a pensar en aquel pensador de la moneda única que fue Tommaso Padoa, en su último libro, Contra la cortedad de miras, publicado poco antes de su muerte y en el que proponía una distinción entre poder limitado y poder débil." El poder débil es el que carece de los útiles indispensables para actuar en el ámbito de su competencia. El poder limitado es aquél  cuyo campo de competencia es restringido. El poder debe ser limitado pero no débil.. Un poder débil, añadía, lleva al despotismo.

Y es que en Europa el Euro se construyo inicialmente como un poder débil al que le faltaba parte de las herramientas de prevención de las crisis y todas las de su gestión. Las decisiones de estos dos últimos años han corregido parcialmente estas carencias.

La realidad que se plantea es la siguiente:

1.- Una integración económica mucho más avanzada, que marcan el primer decenio de la moneda única.
2.- Un federalismo bancario y financiero para poner fin a la perversa interacción entre fragilidad de los bancos  y fragilidad de los estados.
3.- Una unión presupuestaria que tome la forma de un nuevo contrato entre estados basado en principios de solidaridad y de responsabilidad.
4.- Una unión política, como no, que no desemboque en la consagración de un poder tecnocrático.
5.- Podemos añadir que la experiencia de estos nuevos años ilustra los peligros de una gestión de la crisis basada en mecanismos de decisión intergubernamentales por unanimidad e invita a generalizar el uso de la mayoría cualificada.

Aunque son muchos los puntos a tratar y poco el espacio, el objetivo no deja de ser otro que la creación de una, llamemos República Federal Europea.
                                                                                                                            Ricardo Ros,2.012










sábado, 21 de julio de 2012

ALEMANIA EN LA GRAN DESIGUALDAD "Rafael Poch" 19/06/2012


(Contribución a la conferencia sobre Los derechos sociales en tiempos de crisis, organizada por el Gobierno Vasco. Bilbao, mayo 2012.)


Sobre el momento alemán en la crisis mundial

El gran reto al hablar de la eurocrisis consiste en insertar apropiadamente a Alemania en la gran crisis de civilización a la que asistimos y en el entramado de lo que se ha venido a llamar la Gran Divergencia. Ese concepto, que aquí rebautizamos como Gran Desigualdad, fue acuñado por el economista y premio Nóbel Paul Krugman en un libro de 2007 que lleva por título, The conscience of a liberal. El concepto ofrece la ventaja de que permite al historiador insertar en él la evolución del capitalismo del último medio siglo -como hace nuestro ilustre historiador Josep Fontana en su último libro- que ha llevado al mundo a una desigualdad extrema en la que a una quinta parte de la población del planeta le corresponde sólo el 2% del ingreso global, mientras el 20% más rico concentra el 74% de los ingresos.

Resumiendo, la tesis de Krugman que Fontana ha explotado es la de que a partir de los años setenta el Capital perdió el miedo a los factores que perturbaban, y moderaban, su sueño histórico de dominio y beneficio sin concesiones ni fisuras. Es entonces cuando, aprovechando la primera crisis del petróleo de 1973, se comienza a desmontar el pacto social de posguerra en los países del capitalismo central, pacto que incluía una cierta socialización de la prosperidad, lo que a su vez contribuía a ampliar el consumo y a alimentar el crecimiento. A partir de políticos como Carter, Reagan y Thatcher, eso se sustituye por un enfoque dirigido al enriquecimiento exacerbado de una minoría oligárquica: el enriquecimiento de los más ricos a expensas de trabajadores y clases medias.

Los salarios empezaron a contraerse (un 7% en EE.UU desde 1975 hasta 2007), la imposición fiscal a ricos y empresas se redujo, la desigualdad social se disparó, arrancó una ofensiva antisindical y se promocionaron toda una serie de consensos de liberalización comercial. La prevención de la inflación y del déficit fueron colocados en el centro de la agenda económica, lo que apartó definitivamente el keynesianismo de posguerra.

Todo eso pudo realizarse gracias a una agresiva campaña ideológica financiada por nuevas instituciones vinculadas a las grandes empresas que colonizaron el poder político e impusieron, en la academia, en los “think tanks” y en los medios de comunicación, el discurso del desmonte paulatino del Estado social, y del papel del Estado en general, en beneficio de la empresa privada (privatización). El resultado fue un asalto general a la regulación y un enorme incremento de la influencia empresarial en la política.

Liberada de sus límites políticos, y desregulada, la nueva economía dio a su vez lugar a una orgía de especulación y corrupción. El volumen de todas las transacciones financieras ha llegado a ser 75 veces mayor que el de la producción mundial total. Sólo los capitales administrados por los llamados hedge fonds pasaron de ser casi el doble que la producción mundial, en 1999, a ser treinta veces en 2010. Esa libertad invitó al público a un general endeudamiento en lugares como EE.UU o España y desembocó en la explosión de la burbuja de 2007-2008.

Nación retrasada

Alemania llegó por buenas razones bastante tarde al proceso conocido como Gran Divergencia (Desigualdad). Si sus compañeros anglosajones de bloque habían perdido el miedo mucho antes y derribaban las restricciones con decisión, ella iba con mucho más tiento. Estaba en la primera línea de la guerra fría, tenía incluso enfrente a una pequeña república alemana, la RDA, “alternativa” y guardada por las divisiones soviéticas. Desde su fundación competía con aquella “alternativa” cuya base era la plena estatalización de los medios de producción y el sistema social de educación y sanidad. Por todo ello después de la guerra la RFA había elaborado uno de los consensos más sociales del bloque occidental, el llamado “Modell Deutschland” con su Economía Social de Mercado, el llamado “ordoliberalismo”, que incluía un inusitado derecho de cogestión sindical que daba a los sindicatos una notable participación en las decisiones empresariales. Sólo la tardía desaparición de la RDA desató las manos al establishment alemán occidental.

La reunificación alemana fue una anexión de la RDA, la Alemania del Este, por las fuerzas político-empresariales de la RFA, la Alemania del Oeste. En la RDA la popular rebeldía civil inicial del “Wir sind das Volk” (“el pueblo somos nosotros”) del otoño de 1989 se transformó, rápidamente, en un mucho más moldeable “Wir sind ein Volk” (“somos un sólo pueblo”) que subrayaba la unidad nacional por delante de cualquier otra consideración. Ese cambio fue muy rápido y resulta incomprensible sin tener en cuenta la frenética espiral de sucesos, súbitas experiencias y cambiantes expectativas que aquella etapa conoció. El canciller Helmuth Kohl y los veteranos políticos de la derecha empresarial de Bonn actuaron con gran maestría en aquel río revuelto y lograron en pocos meses reconducir el potencial de tercera vía que afirmaba la oposición de la RDA hacia una mera anexión restauradora sin el más mínimo cambio constitucional o de modelo. La pariedad entre el Deutsche Mark y el marco del Este que Kohl estableció fue crucial para apuntalar el cambio de la conciencia social.

En mayo de 1990, Kohl estableció la paridad 1-1 para ahorros de 6000 marcos (una fortuna en la RDA, y dos meses de sueldo de un periodista de la RFA de entonces) y de 1-2 para patrimonios más altos. Los alemanes del Este sintieron como si les hubiera tocado la lotería.

En julio, Kohl les prometió convertir sus regiones en “paisajes floridos” (“blühenden Landschaften”) y lo realizó en un primer momento, por lo menos en la imaginación, con la mencionada paridad que confirmó a corto plazo la promesa de prosperidad material. En aquella euforia cargada de promesas de abundancia, los discursos y voluntades mayoritariamente verdes y socialistoides de escritores, intelectuales y disidentes del Este, se disolvieron como un bloque de hielo al Sol.

La gran reunificación

La reunificación nacional alemana (1990) coincidió con una reunificación superior: la gran reunificación mundial del triple ingreso, de la URSS y el bloque del Este, de China y de India (en total 1470 millones más de trabajadores) en la economía mundial. El ingreso de esa masa laboral duplicó el número global de trabajadores y alteró la correlación de fuerzas mundial entre Capital y Trabajo en beneficio del primero. Ese cambio supuso un reto muy importante para la economía, eminentemente exportadora de Alemania y dio lugar a una estrategia exportadora particular para ponerse a tono con la maximización de beneficios, con la Gran Desigualdad, y con las nuevas condiciones internacionales de competitividad. Bajo la batuta de su establishment político-empresarial, la “sociedad organizada” que es Alemania demostró su capacidad de adaptación.

El gobierno de transición de la RDA había creado una institución fiduciaria, el Treuhandanstalt, en cuyas manos se puso la administración de toda la propiedad del país con la misión de, “mantenerla para el pueblo de la RDA”.Ya en junio de 1990 el primer gobierno electo de la RDA, dominado por los satélites de la CDU de Helmut Kohl, convirtió el Treuhandanstalt en un aparato para la privatización, vía restitución (a antiguos propietarios) o venta, de la propiedad pública. Una posibilidad de tercera vía socializante fue convertida, sin la menor consulta social expresa, en mera restauración del orden anterior a la existencia de la RDA mediante la privatización del patrimonio nacional. El proceso fue menos cleptocrático que en otros países del Este, por no hablar de la URSS, pero en esa restauración los alemanes del Este, antiguos teóricos copropietarios del pastel, fueron excluidos y desposeídos, lo que el posteriormente ministro del interior, Otto Schily calificó de “gigantesca expropiación”.

Para 1994, 8000 empresas del Este ya estaban en manos de “inversores privados” del Oeste, habían sido cerradas o adquiridas a precio de ganga, y 2,5 millones de los 17 millones de habitantes de la RDA se habían quedado sin trabajo, porque el tejido industrial de su antiguo país había desaparecido, en gran parte como consecuencia de la catastrófica asfixia que la paridad monetaria entre el Deutsche Mark y el marco de la RDA, el recurso de Kohl para voltear la conciencia social y ganar las elecciones, había tenido para las empresas del Este.

El objetivo político cortoplacista de Kohl de la reunificación, lograr que los conservadores alemanes se mantuvieran en el poder gracias al voto de los 17 nuevos millones de electores del Este, se logró: Kohl y su CDU se mantuvieron ocho años más en el gobierno. Pero el coste económico fue astronómico.

El desarrollo de Alemania del Este costó “dos billones de euros” y ha sido descrito como, “el mayor programa keynesiano de la historia”. Exigió nuevos impuestos, grandes desembolsos sociales para cubrir a millones de nuevos parados y jubilados, enormes inversiones ambientales y en infraestructuras que se restaron a la innovación productiva y generaron grandes deudas públicas. La política de Kohl en la reunificación fue una victoria política que desencadenó una crisis económica de diez años: diez años de endeudamiento y grandes gastos tras la reunificación es lo que explica el actual apego alemán por la austeridad, mucho más que el tópicamente citado recuerdo de la gran inflación de la República de Weimar sobre la que ya no hay memoria generacional viva. Un importante observador financiero evoca así aquella época:
“La reunificación fue exitosa sólo parcialmente. Con ella no sólo tuvimos unos costes laborales por unidad mayores que nuestros vecinos, sino que nuestra cuenta corriente estuvo en profundos números rojos durante toda una década. No digo que la reunificación se hiciera bien, sino que hace sólo unos años Alemania sufrió un déficit continuado y elevados costes salariales, por lo que fue descrita por nuestros queridos amigos anglosajones como “el enfermo de Europa”. “Drang nach Osten”

Ese contexto de endeudamiento y grandes gastos fue el medio ambiente en el que la mayor economía europea se amplió hacia el Este, en un doble sentido, tanto su Este, la ex RDA, como el Este de Europa, convertido en patio trasero alemán. En ambos casos contó con una vasta reserva de mano de obra barata, lo que tuvo profundas consecuencias, primero para el conjunto de los trabajadores alemanes y luego, como veremos, para los europeos en general y los meridionales en particular. En Alemania del Este la desindustrialización y el desmoronamiento impidieron que los sindicatos arraigaran en lo que era un tejido social laboralmente derrotado, con ciudades industriales vaciadas por la emigración provocada por la quiebra de empresas y sectores industriales enteros. En el conjunto de Alemania, la afiliación sindical a la DGB cayó de 11 millones en1991 a7,7 millones en 2003. La capacidad sindical de negociación y cogestión empresarial aún cayó más.

En esa situación de debilidad sindical la respuesta empresarial fue un recorte salarial sin precedentes que se presentó a los sindicatos, entre grandes presiones y bajo la amenaza de deslocalizar las empresas hacia países como Eslovaquia, Polonia, o Hungría con salarios mucho más bajos. Entre 1998 y 2006 los costes laborales cayeron en Alemania y los salarios reales retrocedieron durante siete años consecutivos

En la estrategia alemana de rearme económico, la bajada salarial combinada con la adopción del euro, que eliminaba trabas de cambio, y con una estricta política monetaria del Bundesbank, desembocó en una explosión exportadora y de competitividad de los productos alemanes que ganaron mayor cuota de mercado a costa de sus competidores europeos.

Un éxito desestabilizador para el euro

Desde la introducción del euro, virtual en 1999, efectiva desde 2002, la industria alemana más que dobló sus exportaciones (que a comienzos de los noventa representaban el 20% de su PNB y en 2010 el 46%). Mientras tanto los salarios subían en el resto del continente, un 15% en Francia y entre el 25% y el 35% en España, Portugal, Grecia e Italia.

En una unión monetaria, el auge del superávit exportador alemán significaba déficit para otros. Entre 2004 y 2011, la producción de automóviles francesa e italiana cayó un 30% mientras la alemana aumentaba un 22%. En 2007 Alemania obtuvo un superávit comercial de casi 200.000 millones de euros. Mientras, 19 de los 27 países de la UE registraron déficit en su comercio exterior. Los bajos salarios alemanes contribuyeron también a ese déficit de los otros porque debilitaron el consumo de Alemania, es decir las importaciones de la nación más poblada de la eurozona. Sin embargo no había sensación de crisis en el sur de Europa: los países meridionales de la eurozona comenzaron a recibir enormes flujos de capital alemán, resultado de los beneficios exportadores, que anestesiaron la pérdida de competitividad con dinero prestado a tasas de interés muy bajo establecidas a la medida de Alemania.

La política económica alemana, resultado directo del shock de la doble reunificación de 1990, no sólo disparó los desequilibrios internos entre países de la eurozona, sino que, en el contexto general de una desatada y frenética búsqueda del beneficio, alimentó su falsa economía y crecimiento. El aparente “España va bien”, con su orgía de ladrillo, dinero fácil y destrucción facinerosa del entorno, así como el festival inmobiliario irlandés o las fantasías contables griegas en el contexto de los juegos olímpicos de Atenas, son así inseparables, y guardan una relación directa con el resurgir económico-exportador alemán, que se presenta inocentemente como su antítesis.

El nacimiento de una leyenda

Desentenderse de eso y hacer ver que la situación es resultado del maniqueísmo entre países virtuosos y manirrotos, denota una gran desvergüenza, porque el problema no es nacional. La crisis fue desencadenada por el sector privado, especialmente por los bancos que financiaron la pirámide inmobiliaria que se desmoronó. Los bancos alemanes que gestionaron especulativamente el enorme capital del superávit exportador alemán también fueron protagonistas de la pirámide. Para atajarla, los países europeos dieron a los bancos 4,6 billones de euros desde 2008, la cifra facilitada a principios de 2012 por el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso. Además, hubo otro enorme desembolso de dinero público en los programas de estímulo keynesianos del 2008. Todo ello incrementó, evidentemente, la actual deuda pública.

Entre 2008 y 2009, Alemania rescató a sus bancos con 480.000 millones de euros. Uno de ellos el HypoReal Estate tuvo que recibir 100.000 millones, porque estaba hundido hasta el cuello en créditos hipotecarios de Estados Unidos. El Deutsche Bank se deshizo a tiempo de gran parte de su basura financiera americana, por lo que tiene una docena de pleitos judiciales por estafa en aquel país. Los documentos de esos casos demuestran que los ejecutivos del banco conocían perfectamente el carácter estafador de sus ventas y ofertas.

En 2007 los documentos del Deutsche Bank presentaban como dinámico y prometedor el mercado inversor español. En el caso de los Landesbanken, las cajas de ahorro regionales, por lo menos tres de ellas (Bayern LB, HSH Nordbank y WestLB) tuvieron que ser rescatadas con dinero del contribuyente.

Que hoy el debate esté centrado en la crisis de la deuda pública, o sobre la deuda privada concebida exclusivamente como desmadre meridional, omitiendo de la narración al casino que la ocasionó, se debe, fundamentalmente, al fuerte control que el poder financiero ejerce sobre gobiernos y medios de comunicación, lo que le permite imponer la leyenda que más le conviene.

El gobierno alemán ha sido particularmente activo en ese frente. Su nacional-populismo acerca de que el problema son unos países del sur gastadores que no ”hicieron sus deberes” y en los que la gente común vivió “por encima de sus posibilidades”, le ha permitido canalizar el descontento de los contribuyentes alemanes por los centenares de millones transferidos a los bancos como consecuencia de la irresponsabilidad de estos invirtiendo en el casino global. Reconocer la realidad significaría revisar los últimos veinte años de política económica y social alemana que se han vendido como exitosos y modélicos para el resto de Europa. En realidad sólo fueron exitosos para los empresarios y para los más ricos.

Veinte años nos contemplan

Desde la reunificación, la economía alemana ha crecido alrededor de un 30%, pero el resultado no ha sido una prosperidad general, sino un enorme incremento de la desigualdad.

Desde 1990 los impuestos a los más ricos bajaron un 10% y la imposición fiscal a la clase media subió un 13%, los salarios reales se redujeron un 0,9% y los ingresos por beneficio y patrimonio aumentaron un 36%. Desde el punto de vista de la (des) nivelación social, Alemania es hoy un país europeo normal: el 1% más rico de su población concentra el 23% de la riqueza (una relación similar a la existente en Estados Unidos) y el 10% más favorecido el 60% de ella, mientras la mitad de la población sólo dispone del 2%.

Hito de la estrategia post reunificación que puso a la rezagada Alemania en línea con la Gran Desigualdad fue la llamada Agenda 2010, el programa de recortes socio-laborales aprobado en 2003 por el gobierno de socialdemócratas y verdes del canciller Gerhard Schröder y que se presenta como modelo continental. Siguiendo la pauta de la Gran Desigualdad en Estados Unidos años atrás, la Agenda 2010 vino precedida de una intensa campaña propagandística a cargo de instituciones empresariales que bombardearon a la opinión pública con diversos mensajes fraudulentos como la “insostenible explosión de costes sociales”, el imperativo de las tendencias demográficas por envejecimiento de la población y otros.

Se afirma, por ejemplo que los costes de la sanidad crecieron un 71% desde 1991. La realidad es que Alemania ha seguido gastando más o menos lo mismo, alrededor del 10% de su PIB en sanidad. Igualmente la campaña afirma que la demografía determina una jubilación más tardía, lo que no resiste un somero análisis: en el siglo pasado la parte joven de la población alemana cayó de un 44% a un 20% y el bloque de los jubilados pasó de representar el 5% de la población al 17%, mientras la esperanza de vida aumentaba por encima de treinta años. Todo eso no dañó los sistemas sociales, sino al contrario: fue en ese contexto que el Estado del bienestar alemán se desarrolló en su máxima expresión. Instituciones como la “Fundación Bertelsmann”, la más rica del país, vinculada a Bertelsmann Ag, el mayor consorcio mediático de Europa (100.000 empleados en 60 países) tuvieron un papel central en convencer a los alemanes de la necesidad de reducir el papel y el tamaño del Estado, recortar prestaciones sociales, bajar los salarios y flexibilizar el mercado de trabajo. Como consecuencia de la Agenda 2010 Alemania se despidió de buena parte de lo que había caracterizado a su modelo de posguerra.

Un nuevo “milagro alemán” (pero con trucos)

La Agenda 2010 abrió la puerta a la privatización de las pensiones (su creador, Walter Riester, ministro socialdemócrata de trabajo, fue invitado por la UGT a un seminario español sobre la materia), redujo subsidios, aumentó la edad de jubilación y flexibilizó el trabajo institucionalizando un segundo mercado laboral de empleos precarios y mal pagados al lado del tradicional. Aunque su contribución al crecimiento ha sido estimada en un 0,2% el gran reajuste de socialdemócratas y verdes de 2003 fue presentado como un gran creador de empleo, cuando la simple realidad es que se ha repartido el mismo trabajo entre más personas al convertir empleos a tiempo completo en empleos a tiempo parcial, como demuestra el hecho de que el número de horas totales trabajadas apenas haya cambiado desde 1991 pese a la reducción del paro.

El aumento del empleo registrado en los últimos años, que se vende como un “milagro”, se registra sobre todo en el sector precario. El sector de salarios bajos que en 1995 implicaba al 15% de los trabajadores emplea hoy al 25%, a uno de cada cinco trabajadores, y se ha expandido tres veces más rápido que el sector tradicional. El 42% de ex empleados del sector tradicional que han perdido su empleo encuentran trabajo en el sector de salarios bajos. Sólo un 15% de los parados de larga duración fueron contratados en 2011 en el sector tradicional. La estadística oficial, que ha barrido debajo de la alfombra a por lo menos un millón de parados (no inscritos en la Agencia de Empleo, mayores de 57 años, etc.) informa que el 71% de los nuevos empleos son “atípicos”, es decir precarios, parciales, temporales, “autónomos”, etc. Hay 8 millones de empleados a tiempo parcial, con contrato limitado, minijobs, autónomos, etc.

La legendaria y nacional-populista mentalidad que se ha impuesto en Alemania afirma la fábula de la cigarra y la hormiga. Dice que “las duras reformas que nosotros hicimos, ahora las deben hacer quienes han vivido del cuento”. Este nuevo y negativo aleccionamiento alemán, está en el centro del discurso político nacional y se ha impuesto a otros países. Tiene claros elementos de fraude.

Entre 2002 y 2007, en cinco años, Alemania redujo su déficit estructural desde el 3,5% del PIB en 2002, al 0,6% en 2007, lo que arroja una reducción total del 2,9%, es decir 0,6 puntos porcentuales anuales. Según la OCDE, entre 2009 y 2011 Grecia ha reducido su déficit estructural desde el 12,8% hasta el 1,8%, es decir 6 puntos anuales. “En otras palabras”, explica Sebastian Dullan, del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, “en un año Grecia ha reducido su déficit el doble de lo que Alemania hizo en cinco años”. La situación de España y Portugal no es muy diferente. El déficit estructural español se ha reducido del 9,5% en 2009 al 1,9% en 2012. El de Portugal del 9,5 en 2010, al 2,2 en 2012.

Entre 2010 y 2011 ambos países han consolidado más de lo que Alemania hizo en cinco años. Y lo mismo pasa con salarios: entre 2003 y 2007 los salarios reales cayeron un 3,3% en Alemania. En Grecia han caído un 13% entre 2009 y 2011, de nuevo el doble en un año que Alemania en cinco, y en Portugal y España, un 10% y un 7% respectivamente en tres años. “El problema no ha sido la falta de voluntad de griegos, españoles y portugueses para corregir sus problemas de déficit”, dice Dullan.

El descubrimiento del Mediterráneo

Que la situación económica alemana se presente como modelo en el contexto de la eurocrisis ignora, además, algo tan básico como las vivas diferencias entre sistemas capitalistas existentes en el seno de la eurozona. Tras siglos de convivencia en Europa, Alemania parece no haber descubierto aún el Mediterráneo, en el sentido más literal de la expresión.

Los sistemas denominados de “capitalismo mediterráneo” de países como Portugal, España, Italia o Grecia, no pueden compararse con las “economías coordinadas” del norte de Europa, como Alemania, mucho más organizadas, con un sistema de salarios integrado en el sector privado y una educación y formación profesional organizadas hacia aquél. A ello se suma una mayor capacidad de acuerdos sindicales en materia de salarios y jornadas. Esa mayor organización general interna permite formular estrategias impensables en el Sur y es lo que define la ventaja comparativa de Alemania en la manufactura en su contexto europeo.

Alemania tiene una estructura económica particular; industrial, exportadora, con fuertes empresas medianas y pequeñas que son líderes mundiales y también con grandes consorcios multinacionales. Transplantar sus recetas a otros países europeos sin atender a las diferencias estructurales, es tan absurdo como pretender convertir en España a Andalucía en un País Vasco. Ignorar la diferencia interna de capitalismos y pregonar un modelo del Norte para todos con reformas estructurales ortodoxas, es no comprender lo más básico: la propia realidad y diversidad de Europa.

La actual euro-receta alemana contra la crisis, centrada en la política de austeridad y en la disciplina para imponerla, tampoco parece entender la diferencia existente entre países de una unión monetaria y empresas. Como dice Heiner Flassbeck, ex secretario de Estado alemán de finanzas y actual economista de la UNCTAD, “Alemania no ha entendido que la competición entre naciones en una unión monetaria como la eurozona, es ir contra tus clientes”. De momento el superávit comercial alemán aguanta gracias al incierto crecimiento de la demanda en China y otros lugares, pero la ruina de los socios europeos podría volverse a medio plazo contra ella, pues Alemania exporta la mitad de su producto nacional y el 40% de esa mitad se vende en Europa. Mientras tanto, su aplicación está siendo desastrosa para los países del sur de Europa y lo será también para la cohesión europea. El caso del “rescate de Grecia” es paradigmático.

La sociedad de ese país se siente, “como en un laberinto con todas las salidas bloqueadas”.

Con la aplicación de la receta alemana, los salarios se han recortado entre un 20% y un 25%, la producción ha caído un 11%, la recaudación fiscal un 18% desde el año pasado, 60.000 empresas han cerrado desde verano, los funcionarios sufren impagos durante meses, en los hospitales, que acusan el recorte del 40% del presupuesto de sanidad en 2010, falta material, y en las escuelas libros. Más del 70% del dinero ahorrado se destina al pago de la deuda, sin embargo la deuda no disminuye, sino que aumenta: era del 120% del PIB en 2010, y es del 170% del PIB en 2012, después de dos años de ajuste.

El “rescate de Grecia” es el seudónimo del gran capítulo europeo del rescate público del sector financiero en el que la austeridad de los pobres, no responsables de la crisis, paga los platos rotos. El grueso de los 199.000 millones del segundo fondo de “rescate a Grecia” (130.000 millones del propio fondo, más 69.000 millones de restos no utilizados del primero e importe de cambio de bonos), se destina a los bancos: 93.000 millones para la quita de los creditores privados, 35.000 millones en garantías de bonos depositados en el BCE, 23.000 millones para recapitalizar a los bancos griegos, 30.000 millones para incentivar el canje de bonos viejos por nuevos y 5500 millones para pagar viejos intereses de deuda.

La degradación griega, que ahora comienza en España y otros países del Sur, genera a la vez un encarecimiento especulativo del pago de la deuda y un flujo de dinero de dirección inversa al que se produjo en Europa durante los años de la burbuja inmobiliaria. Si entonces el dinero del superávit exportador alimentaba la especulación inmobiliaria con un río de capital de dirección Norte a Sur, ahora es el dinero asustado del sector privado del Sur el que busca refugio en la deuda pública alemana, que se refinancia a intereses de risa gracias a la miseria de sus socios del euro.

Desintegrando la Unión

En los últimos dos años, el discurso alemán sobre esta situación ha consistido en una mezcla de aleccionamiento, la prédica de una Europa virtuosa del Norte a una Europa manirrota del Sur, y de “bravuconería” autoritaria, por utilizar el término empleado por el ex canciller Helmut Schmidt. Políticos y publicistas se han dedicado a sostener una retórica nacionalista muy disolvente, enfocada a la “pereza” e ineficacia del capitalismo mediterráneo y combinada con un lloriqueo constante por la cuantía del desembolso de dinero alemán.

En el primer fondo de “rescate griego”, Alemania aportó 36.000 millones sobre un total de los 130.000 millones aportados por todos los socios del euro. En términos absolutos fue el Estado que más aportó, por la sencilla razón de que Alemania tiene la mayor economía y la mayor población de Europa, pero seis países aportan más que Alemania en una cuenta per cápita y otros diez, incluida España, la superan en la parte del PIB dedicada a ello. El dinero no se regala sino que es un crédito a un interés considerable: en 2010 el rescate griego le reportó a Alemania 198 millones de euros. Pero sólo en Alemania hay una verdadera queja nacional de una opinión pública desinformada sobre esta situación. La clase política alimenta esa queja con su populismo y a la vez es esclava de ella.

Con ese discurso Alemania ha abierto una caja de Pándora muy peligrosa porque divide a Europa y ofende a sus pueblos. Lo hemos visto en Grecia donde se demoniza a Alemania, y se empieza a ver en España. Alemania no es consciente de lo que está sembrando.

En este contexto, es importante enfatizar, contra cualquier nuevo antieuropeísmo reactivo, la bondad y conveniencia de la Unión Europea.

Vista con perspectiva histórica, la Unión Europea es una buena solución a lo que había antes: naciones que guerreaban constantemente entre sí. Por eso hay que conservarla, reformándola y sin pedir peras al olmo, es decir sin pretender hacer un superestado europeo asentado sobre el narcisismo de la imagen idealizada de Europa cultivada por el establishment de Bruselas. En la proyección exterior de la Unión Europea, hay que conformarse con una ambigua y paquidérmica estructura común que no le complique la vida al resto del mundo. Lograr que esa estructura no sea imperialista en el siglo XXI, ya sería un enorme avance histórico.

Desde el inicio de la crisis la aportación alemana al funcionamiento de la Unión Europea está siendo nefasta: si desde su origen el establishment de funcionarios no electos de Bruselas fue muy poco democrático, la intervención del poder alemán lo ha hecho aun más autocrático en lo que en esencia es una defensa de los desmanes del poder financiero y un rechazo de políticas solidarias. El resultado es doblemente disolvente: un creciente resentimiento contra Alemania en el Sur por una política que conduce a la catástrofe, y un desencanto europeísta en sociedades, como la española, que fueron profundamente europeístas.

Ofrecer a Europa el “ama de casa suaba”, estereotipo pequeñoburgués del alemán ahorrador y tacaño hasta la mezquindad, como ideal de actitud económica a los europeos meridionales, denota una falta de mundo y un espíritu provinciano notable, pero otros conceptos manejados por la canciller, como el de una “democracia adecuada a los mercados” (“Marktkonforme Demokratie”) sugieren un inequívoco propósito antidemocrático.

Merkel evocó por primera vez al ama de casa suaba como modelo en el congreso de la CDU de 2008. La “democracia adecuada a los mercados” se estrenó en una entrevista con la emisora Deutschlandfunk, el uno de septiembre de 2011. Merkel dijo entonces, “vivimos en una democracia parlamentaria y, por tanto la confección del presupuesto es un derecho básico del parlamento, pese a ello vamos a encontrar vías para transformarla de tal manera que pueda concordar con el mercado”. Teniendo en cuenta que el “pacto fiscal” y la “regla de oro”, el tope de gasto elevado a precepto constitucional, ya ilegaliza cualquier política de gasto keynesiana que aspire a dar al Estado un papel financiero activo, el concepto suena a receta para el cambio de régimen, lo que en países intervenidos o con gobernantes no electos de Goldman Sachs impuestos por Berlín y Bruselas, suena bastante real.

Cuando todo eso se hunde, Merkel propone “más Europa”, pero siempre bajo la rigidez de la austeridad y de la disciplina requerida para hacerla cumplir. La aportación de los conservadores alemanes a una Europa empresarial en la que ya quedaba poco del espíritu de la tradición política francesa (Libertad, Igualdad, Fraternidad), está siendo algo parecido a un intento de afirmar una Europa bismarckiana cuyo lema podría ser “Autoridad, Desigualdad, Austeridad”. Así, los problemas que rodean al despropósito del pacto fiscal alemán se intentan resolver con otro despropósito aún mayor: más Europa en clave alemana. La pregunta es quién quiere vivir en la “democracia acorde con el mercado” (Marktkonforme Demokratie) sugerida por Merkel.

Una ambición errática

Pero, ¿qué quiere Alemania? ¿Cómo se ve Alemania a sí misma en su actual papel? Entre 2010 y 2012 se ha pasado de cierto hartazgo por no poder seguir siendo una especie de “gran Suiza” sin responsabilidades exteriores, incluso con tentaciones euroescépticas y sueños de restablecimiento del Deutsche Mark, socialmente añorado como símbolo de unos tiempos menos injustos y complicados en los que el protagonismo alemán en Europa era principal pero al mismo tiempo discreto y colegiado con Francia, a cierta jactancia, expresada en aquel “Europa habla alemán” pronunciado por el jefe del grupo parlamentario de la CDU, el partido de la canciller Merkel, Volker Kauder, en el congreso de noviembre en Karlsruhe.

De las dos actitudes, la primera carece de futuro, pues el euro es parte central de la estrategia alemana y sin él Alemania perdería gran parte de su actual peso específico. Hay, entonces, que concentrarse en la segunda, ¿busca Alemania una hegemonía europea e incluso superior: volver a afirmarse como Cuarto Reich económico? Deseos y señales en ese sentido no faltan, pero el propósito es tan ilusorio y miope como el malhumorado “nosotros solos” euroescéptico.

Veinte años después de la reunificación ya es hora de iniciar una política exterior propia que supere los “complejos de inferioridad” que dejó la historia, dice el editor de Die Welt, Thomas Schmid, un intelectual conservador que marca línea. Con Helmut Kohl la línea era, “empaquetar los intereses alemanes de forma consecuente en intereses transatlánticos y sobre todo intereses europeos, de tal forma que el interés nacional resultaba al final irreconocible”, dice. Ahora es el momento de que “la nación más fuerte de Europa” rellene ese vacío. “No queremos hacer sombra a nadie, pero exigimos nuestro lugar al sol”. Como, “principal accionista de la Unión Europea”, como “su mayor beneficiaria” y sobre todo como “gran centro de poder económico”, Alemania tiene, “la misión de ir al liderazgo”, señala la directora de “Internationale Politik”, revista del principal think tank alemán en materia de política exterior y seguridad, la DGAP, cuyo último número se titula “Yendo al liderazgo” (In führung gehen). Ulrich Speck, uno de los autores de este centro patrocinado por el ministerio de exteriores y los grandes consorcios, propugna un nuevo papel alemán en el “renacimiento de Occidente” cuyo fundamento sería una Unión Europea que Berlín debe, “utilizar como palanca de estrategias alemanas de política exterior”.

“Europa necesita el sentido de estado alemán (Deutscher Staatskunst) para mantener estable el orden europeo en el revuelto siglo XXI”, escribe en un artículo sobre el papel de Alemania en la Unión Europea publicado por la principal revista intelectual alemana, el jurista Christoph Schönberger. Hegemonía, dice, ya no es un concepto imperialista sino constitucional. El papel alemán en la UE debería ser como el de Atenas en la liga naval ática, como el de Holanda en las provincias unidas, o como el de Prusia en Alemania. Estados Unidos, continúa, está “debilitado por sus guerras” y mira hacia otras partes del mundo. En ese contexto hay que dejarse de complejos; “Alemania es más fuerte que cada uno de sus vecinos, aunque no lo suficiente como para dominarlos a todos”. En esa hegemonía alemana, a Francia le correspondería un papel “como el que caracterizó a la relación de Prusia con Baviera en la Alemania de Bismarck”, en la que el canciller de hierro atraía al campo prusiano a los bávaros, “con determinadas distinciones y acuerdos”. El autor ni siquiera se pregunta si Francia estaría dispuesta a asumir tal papel, ni por las sospechas y tensiones que despertaría un resurgir de la tradicional “desmesurada voluntad de poder” alemana apuntada por Heleno Saña.

Otros autores son menos ambiciosos y se conforman con primeros pasos: “que Merkel se candidate para presidir el Consejo Europeo”. Otros, en fin, ya parecen dar por supuesto el ejercicio de la hegemonía por parte de Alemania y reflexionan sobre sus contornos. En una significativa declaración que ilustra esos sueños el embajador Wolfgang Ischinger, organizador de la Conferencia de Seguridad de Munich y “responsable para las relaciones con el gobierno” del consorcio Allianz, un poder fáctico alemán, respondía así a una pregunta acerca de, “ ¿Qué debe aprender de Estados Unidos la Alemania de hoy?”: “el papel de Hegemon buenazo cuya seña de identidad es la solidaridad y la generosidad, y que en ese papel no debe esperar gratitud, sino críticas de los pequeños”. Ischinger organizó, en la mencionada conferencia, un cónclave militarista con gran representación de la Otan y el complejo militar-industrial transatlántico, un panel de discusión bajo el título “el papel de Alemania en Europa y el papel de Alemania en el Mundo”. Cuando un observador objetó que el titulo correcto debía haber sido, “el papel de Alemania en Europa, y de Europa en el mundo”, el embajador no supo qué contestar.

El “Cuarto Reich” es imposible porque las cuentas no salen. En la posguerra mundial, Estados Unidos representaba la mitad de la riqueza mundial y una incomparable fuerza militar global.

Su economía ascendía a 1,3 billones en 1949, cuando las de Francia y Alemania eran de unos 200 millardos la del Reino Unido de 250 millardos y la de Italia de 152. Es decir, Estados Unidos era económicamente mayor que la suma de todos los demás. Hoy la economía alemana asciende a 3,3 billones, un 25% más que Francia, un tercio más que el Reino Unido y sólo representa entre el 20% y el 25% del PNB de la Unión Europea. Su comercio depende de la UE en un 60%. Todo eso alcanza, como máximo, para ser el “mayor accionista” de la UE, papel para el que Alemania necesita a los demás accionistas. Practicar una política que va en contra de los intereses de sus socios es completamente inviable. Lo que las sugerencias y veleidades hegemónicas de Alemania en Europa evocan es miopía: los titubeos y dudas de un país demasiado potente para ser uno más en Europa, pero demasiado débil para pretender repetir un nuevo intento de dominio continental.

El factor ciudadano

Si el Cuarto Reich es imposible, la necesidad de rectificar la actual línea alemana en Europa es imperiosa. Todo indica que es un camino directo al imperio de la Gran Desigualdad en Europa. En la UE ya hay 115 millones de personas en riesgo de pobreza, 23% de la población, según la estadística oficial de los 27. A ellos hay que sumarles otros 100 o 150 millones al borde de esa situación. Mientras tanto en los últimos 15 años los activos de los tres millones de millonarios europeos han crecido más que la suma total de las deudas de los países europeos. Esos capitales podrían resolver de golpe la deuda, “pero la actual aristocracia financiera tiene tan poca intención de ceder sus privilegios como la aristocracia francesa de antes de la revolución de 1789”.

A favor de un cambio de línea actúan las crecientes protestas sociales y sindicales en el sur de Europa, así como los resultados de las elecciones francesas y griegas con sus programas de revisión y puesta en cuestión del “pacto fiscal” alemán. En contra, el estado de la opinión pública en Alemania y otros países del Norte, recelosa ante soluciones mancomunadas que son vistas como mera socialización de la mala gestión ajena, así como la inflexibilidad y dogmatismo de los tecnócratas. Con honrosas excepciones entre algunos de sus miembros más veteranos, la clase política alemana ha olvidado su propia historia de posguerra, el acuerdo de Londres de 1953 que recortó la deuda alemana un 50% e introdujo una moratoria de cinco años en el pago de intereses para que el país pudiera respirar. Un problema mayor es que la situación socioeconómica alemana (aún) no compromete a sus gobernantes. Merkel confía en ganar las elecciones generales de septiembre de 2013, aunque sea al precio de un gobierno en coalición con los socialdemócratas liderado por ella, como en el periodo 2005-2009, lo que no invita a un cambio de línea. Su oposición, el SPD y los verdes, apenas cuestionan los ejes de su política europea, en parte porque fueron sus mismos líderes (Steinbruck, Steinmeier, Trittin) quienes dieron en 2003 el gran impulso al programa neoliberal en el país con la Agenda 2010 que no tienen la menor intención de revisar.

La pregunta es si hay marcha atrás en Alemania. Reconocer el flagrante error de su línea significa desmontar la leyenda que hoy está en el centro del discurso político nacional. Significa el suicidio político de Merkel. Una marcha atrás sería deseable, pero enfrentaría a Europa con otro escenario inquietante: el de una Alemania humillada. Quien conozca este país sabe que tal escenario no es ninguna broma.

El factor ciudadano, una rebelión civil y sindical coordinada en Europa, o en algunos de sus países, es lo único que puede alterar la gran regresión en curso. Como dice Josep Fontana: “lo que tengamos dentro de cinco años será lo que habremos merecido”.

El consenso acerca de la necesidad de fórmulas keynesianas a corto plazo es amplio, por desgracia no en Alemania, ni en la burocracia de Bruselas, ni, lo que aún es más grave, entre los gobiernos de los propios países en recesión que siguen suscribiendo la política de la soga que les asfixia. Quienes en los países más ricos creen que esa asfixia no les afecta, se equivocan, pues como dice James Galbraith, “la historia muestra que cuando la periferia de una unión económica sufre una caída de tal envergadura, eso tiene consecuencias sociales y económicas para la región central”.

Crecimiento: solución y problema

Llegamos así al punto crucial, el de la salida de la crisis. Reconocer la bondad y necesidad del gasto para generar un crecimiento a corto plazo no significa que se pueda perder de vista el gran contexto de la actual crisis, que no es la situación del euro, ni la crisis financiera, sino algo claramente superior desde todos los puntos de vista.

La invocación al crecimiento para salir del agujero, proteger las conquistas sociales y ponerle coto a la contrarrevolución de la Gran Desigualdad, nos lleva directos al calentamiento global. Alimenta la caldera de la insostenibilidad ambiental, es decir agrava la crisis más genuina y principal, la del cambio global antropogénico.

Aunque la solución de la actual coyuntura de la eurocrisis sea lograr el crecimiento, el problema de nuestra verdadera crisis, también es el crecimiento.

Si el absurdo actual del neoliberalismo es pretender salir de la crisis con las mismas recetas y objetivos que la ocasionaron, la invocación acrítica al crecimiento sin matices participa de la misma contradicción.

La irresponsable y ciega persecución del crecimiento es, al mismo tiempo, la que ha creado las burbujas especulativas y la que ha hecho aumentar las emisiones globales un 40% desde 1990.

La salida estratégica de la crisis consiste en conjugar una doble e inseparable sostenibilidad, financiera y ecológica, en superar la irresponsabilidad desreguladora, de mercados y emisiones, de pagar las deudas económicas y ecológicas. El culto al crecimiento está en el origen de las dos falsas libertades: la especuladora y la emisora crematística.

La austeridad, no como medio para maximizar beneficios e incrementar la desigualdad, sino en un paradigma de cambio hacia energías renovables, con cambio de valores y, por lo menos en los países ricos, un modo de vida más modesto, no sólo es deseable, sino que es fundamental. Sin la austeridad, sin un relativo empobrecimiento de los más ricos globales que disminuya la demanda de recursos naturales y la generación de residuos, no hay salida de la crisis de civilización. Comprender eso determina que nuestro recurso al crecimiento sea muy táctico y muy dirigido al corto plazo, mientras que el objetivo estratégico debe ser más bien lo contrario: el decrecimiento, o como dice Herman E. Daly, una “economía de estado estacionario”.

El estado estacionario de una economía, “es un sistema que permite que se produzca un desarrollo cualitativo, pero no un crecimiento cuantitativo agregado”, explica Daly. “El crecimiento implica introducir una mayor cantidad del mismo tipo de cosas, el desarrollo supone introducir una cantidad igual de algo mejor”, dice. “La economía debe adaptarse a las reglas del estado estacionario: alcanzar un desarrollo cualitativo y frenar el crecimiento cuantitativo agregado”, porque, “el llamado crecimiento económico ya es antieconómico, está fracasando, nos convierte en más pobres y no en mas ricos”, añade.

Naturalmente, se debe distinguir entre Norte y Sur, países pobres y países ricos. En los países pobres el crecimiento del PIB aún sigue permitiendo que aumente el bienestar, siempre que haya una distribución razonable, sostiene Daly. Respecto a los países ricos, “deberían reducir el crecimiento del flujo metabólico para liberar recursos y espacio ecológico para uso de los pobres, a la vez que centrarse en los esfuerzos en el ámbito local para mejorar su desarrollo tecnológico y social, a compartir libremente con los países pobres”.

La transición energética exige enormes inversiones. Alemania el país europeo con más responsabilidad en la actual receta neoliberal de la eurocrisis es, al mismo tiempo, el más avanzado en sus planes para un cambio de modelo energético. Su sociedad es, seguramente, la más consciente y motivada de Europa hacia una transición energética. El apagón nuclear total en 2022, decidido el año pasado, va a disparar las inversiones eólicas con el objetivo de generar dentro de nueve años el 35% de la electricidad con fuentes renovables (hoy el 17%). Que ese cambio venga determinado por los intereses de los mismos oligopolios energéticos de siempre, con el beneficio en el centro y su tendencia hacia los grandes proyectos imperiales y centralizados, lanza un nuevo desafío ciudadano con miras a una “socialización”-no confundir con mera “estatalización”- del sistema energético, con creación de nuevas fórmulas e instituciones de gestión y control.

No hay economía ecológica sin justicia social. El cambio energético es para vivir de otra manera. De una manera más simple, más tranquila y menos frenética. Como dice Tim Jackson, “la prosperidad tiene que ver con la calidad de nuestras vidas y relaciones, con la solidez de nuestras comunidades, y con un sentido de propósito individual y colectivo. La prosperidad tiene que ver con la esperanza. Esperanza para el futuro, esperanza para nuestros hijos, esperanza para nosotros mismos”.

Alemania, como todos, está convocada a la tarea de esa reunificación superior que saque a la humanidad de la prehistoria. Puede aportar mucho. Aunque al día de hoy no haya más remedio que enfrentarse a su gobierno que lidera el programa de la Gran Desigualdad, en Europa no podemos pasarnos sin Alemania, ni despreciar a esta nación para los complicados retos del siglo que nos esperan.